Todos los escritores cometemos errores, ya se trate de nuestro primer libro o del octavo, pero hoy voy a centrarme en los errores típicos de escritores noveles, para que no te ocurra a ti lo que nos sucedió a todos los demás en nuestros titubeantes inicios.

Vamos al lío.

Explicar las cosas demasiado

El primero de los errores y uno de los más graves.

Aunque tú sabes que tus lectores no son tontos, tal vez les estés haciendo creer que piensas que sí lo son.

Sí, suena fuerte, pero ocurre más de lo que parece.

Muchos escritores tenemos la mala costumbre de explicar hasta el último detalle de cada cosa, y la mayoría de las veces no es necesario.

Imagina que estás leyendo la página siete de ese libro que compraste el otro día y…

—¡Qué asco de día! ¡Estoy hasta las narices de mi jefe! —gritó Luis, que había pasado un día horrible a causa de su jefe. —¡Mira que decirme que el proyecto era una basura!

Luis había presentado a su jefe el proyecto que había estado redactando los últimos días, pero a este no le gustó y le dijo que era una basura. Luis se había enojado por eso y estaba furioso.

¿Qué pensarías? Da grimilla, ¿eh?

Pues evitemos que esa situación ocurra con uno de nuestros libros.

No dejar que fluyan los diálogos

Las acotaciones en los diálogos están bien, pero solo cuando son necesarias para expresar un matiz que no se sobreentiende. Si está claro quién es cada interlocutor y no tenemos nada importante que aportar, dejemos que hablen entre ellos; seamos educados y no les interrumpamos. Ellos lo agradecerán y también nuestros lectores.

Repetir palabras

Sin darnos cuenta, tenemos una tendencia natural a repetir palabras. Nos pasa a todos. Por eso es importante que repasemos el texto y utilicemos sinónimos (o expresiones que cumplan la misma función) para reducir esas repeticiones, que dan una sensación de pobreza lingüística que no es real. Pero no busquemos palabras rimbombantes; la narración debe fluir de manera natural y respetar el estilo general de comunicación de la obra.

No dar importancia a la primera página

Podemos tener un libro fantástico: interesante, emocionante, bien estructurado y redactado… Pero si olvidamos los primeros párrafos, es muy posible que perdamos lectores.

¿Acaso no echamos un vistazo a las primeras páginas del libro que estamos valorando comprar en nuestra librería preferida? O, peor todavía, ¿qué pasa con esa novela que adquirimos el otro día pero que tras cuatro páginas sigue sin engancharnos? ¿Es posible que la aparquemos en un rincón de la estantería donde se limite a acumular polvo? Y ¿qué diremos si nos preguntan sobre ella?

Creemos interés desde la primera página. Es más, exprimamos nuestro cerebro para provocar un impacto que haga impensable no comprar y leer nuestro libro.

No documentarse

La imaginación no tiene límites, pero cuando hablamos sobre un tema o un lugar específico debemos documentarnos.

Si vamos a escribir una novela policíaca sería imperdonable que confundamos, por ejemplo, cargos y jerarquía; y si pensamos ambientarla en Edimburgo, que menos que recopilar un poco de información sobre el clima, el carácter de las personas, la numeración de las calles, el tipo de viviendas o el perfil sociodemográfico de los barrios en los que transcurrirá la acción.

No se trata de hacer una investigación científica, pero sí de conocer los puntos principales, no sea que alguien nos sonroje cuando opine de nuestra obra.

Cambiar el tiempo de la narración

Este error es muy común, y se puede producir de, al menos, dos formas:

  • Narrador que está contando la historia en pasado y, de pronto, lo hace en presente (o viceversa).
  • Cambios puntuales de tiempo verbal: «Era tarde. Había sido un día duro y ahora tenía que ponerse a estudiar».

Descuidar la portada

Digan lo que digan, la primera impresión es muy importante. Libros hay a porrillo, pero el tiempo sigue siendo escaso. Es difícil que alguien se pase dos horas en Amazon comparando libros si aquel primero que le llamó la atención y que hizo que leyese la sinopsis y las críticas de los lectores terminó por convencerle. Y lo mismo pasa en una librería.

Así que vistamos con las mejores galas a nuestra creación literaria para que no pase desapercibida. Llamativa (eso no significa hortera ni soez), profesional y coherente con el contenido. Esa es la portada ideal.

No pasar el libro por corrección

Estoy seguro de que redactas bien, pero pensar que tu libro no contiene alguna errata o fallos gramaticales y de estilo es ser demasiado optimista.

Yo soy corrector y mis libros, terminados pero sin pasar por corrección, tienen errores. También les ocurre esto a los grandes escritores.

Un escritor tiene que tener imaginación, capacidad para contar una historia, facilidad para transmitir emociones… pero no tiene que ser un experto en lingüística.

No pongas en riesgo un gran trabajo por querer ahorrar unos euros. Y, por favor, no le confíes la tarea al corrector de Word, porque te jugará más de una mala pasada (además de que le será imposible realizar una corrección de estilo).

No preparar una estrategia para promocionar el libro

Ya está. Tenemos nuestro soñado libro entre las manos. Por fin. El resultado ha sido genial y estamos eufóricos. ¡Va a ser un éxito!

Vaya. Ha pasado un mes y solo hemos vendido unos cuantos libros a amigos y conocidos. Hemos enviado varios emails y notas de prensa, y hemos compartido la noticia tanto en Facebook como en Twitter, pero nada.

¿Qué pasa? ¿No es tan bueno como pensábamos?

No se trata de eso. Lo que ocurre es que no pensamos una estrategia de promoción. Con toda la competencia que nos rodea no vale con compartir la portada de nuestro libro en redes sociales.

No te voy a contar ahora cómo desarrollar un plan de marketing (lo iré haciendo, poco a poco, en otras entradas de este blog), pero sí te voy a dejar un pequeño listado de directrices básicas que deberías plantearte cuando diseñes la promoción de tu libro.

  1. Identifica a tus lectores potenciales.
  2. Define objetivos medibles (vender 50 libros en presentaciones y 125 en Amazon en los próximos quince días, por ejemplo).
  3. Selecciona los instrumentos de promoción.
  4. Establece un presupuesto.
  5. Crea un calendario de actuación.
  6. Mide los resultados y mejora el proceso.

No darle el tiempo necesario a tu libro

Por favor, no mates a tu libro. Con esto me refiero a que no publiques otro enseguida. Da igual que lo tengas redactado y que te mueras de ganas de darlo a conocer. Todo en esta vida tiene su momento.

El tiempo de vida de un libro varía dependiendo de varios factores, como la temática o el grado de aceptación que esté teniendo pero, como mínimo, dale seis meses para cumplir sus objetivos.

 

Y hasta aquí los diez errores más habituales que suelen cometer los escritores noveles. Yo ya te he confesado que caí en más de uno en su momento, pero… ¿cuál es tu experiencia? Espero que esta entrada te sirva de ayuda.

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